jueves, 31 de diciembre de 2015

Viajar



Hace meses que no escribo, lo sé y pido perdón, podría poner múltiples escusas pero como ya es algo típico en mí me abstendré de hacerlo. Y esta no será la mejor entrada que he hecho, ni muchísimo menos, simplemente será una entrada para quejarme un poco y para demostrar lo cansada que estoy.
Yo vivo en una isla, una maravillosa, la más bonita del mundo, lo único malo es que tengo que coger dos aviones para viajar a otro país. Primero uno a la capital y después otro al país que tengo que ir. Esto quiere decir que tengo que ir de arriba abajo por tres aeropuertos diferentes.

Desde pequeña me he acostumbrado a viajar ya que tengo mi familia bastante lejos de la isla donde vivo (repito que es ideal) y para mi ir de aeropuerto en aeropuerto es algo tan normal como respirar. Esto no significa que, cuando pienso en las 12 horas de avión que me tocan, no me importe o me parezca algo perfecto. Es un horror cuando las piernas se te duermen o cuando no sabes que hacer o cuando no te entra el sueño o cuando has terminado el juego que llevaste o cuando simplemente te dan ganas de saltar del avión.

Si de algo no me puedo quejar son las vistas, me encanta poder despedirme de las luces de mi isla y después saludar a la contaminación de la capital, llena de edificios y de coches. Me encanta ver como sobrepaso las nubes o cuando veo el amanecer. Siempre termino con la galería llena de fotos de la ventana y me da rabia que nunca consiga captar lo bonito que en verdad es.

Después está la comida, la comida de los aviones (al menos para mi gusto) es horrorosa, lo único que se salva es el postre, el pan y el té. Nunca entenderé en que horario dan la comida, sobretodo en estos vuelos en los cuales hay 6 horas de diferencia entre el país de partida y el de llegada.

Si algo odio más de todo esto es cuando un bebé empieza a llorar o cuando un niño no puede ser capaz de estarse quieto, y sí, podría ser también porque no soy capaz de soportar los niños menores de 10 años, en ningún tipo de situación los puedo soportar  (dejando aparte a mi familia, a ellos sí).

Yo he viajado sola en estos vuelos y creo que es lo mejor, los azafatos son lo mejor del mundo y te traen todo aquello que quieras. Recuerdo que la última vez bajé del avión con una bolsa enorme de Haribo y un par de Kinder Bueno.

Una vez en el país lo más lioso es cuando quiero hablar con mis amigos, es horrible el querer contarles algo y que ellos estén durmiendo o que te feliciten por año nuevo y para ti aun queden 6 horas para cambiar de año. Pero la mayoría de las veces es divertido, cuando me dicen que van a cenar y yo estoy comiendo o cuando ellos van a comer y yo me acabo de despertar.

Sin duda no podría vivir sin viajar, aun con sus cosas malas lo bueno siempre ganará en este caso. Soy una persona muy inquieta y que le encanta conocer cosas nuevas y viajar me lo permite, ahora mismo me tengo que fijar a los sitios que me digan los adultos pero ya tengo clarísimo que en cuanto pueda me la pasaré conociendo mundo. 

ASTRID

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